Porque es en el barrio y en la vivienda donde se materializa la exclusión social. Ambos se transforman en agentes de exclusión cuando fallan en el cumplimiento de su función social integradora.

La exclusión social es resultado de un conjunto de desigualdades estructurales que afectan a la calidad de vida de las personas y a sus relaciones sociales. La exclusión territorial y residencial son los ejes sobre los que se articulan el resto de restricciones: empleo, educación, vivienda, ciudadanía, salud, información, entre otros. Suelen ser la base sobre la que se inicia el proceso de acumulación de desventajas sociales que conduce al empobrecimiento de los estándares de vida.

Estas desventajas tienen consecuencias muy concretas, como no poder permitirse un segundo par de zapatos, comidas con proteínas cada dos días, tener ordenador o sustituir la ropa estropeada  (FOESSA, 2018). La exclusión territorial y residencial también son el origen de otras dinámicas negativas como la discriminación, la hostilidad, la estigmatización, la segregación, el aislamiento, los prejuicios y otras derivas socio-culturales que perjudican la calidad de las vínculos sociales. Hoy abordaremos el problema de la exclusión territorial.

EL BARRIO: TERRITORIO DE EXCLUSIÓN

Los  factores de vulnerabilidad, que conducen a la exclusión social suelen concentrase en los espacios concretos donde nos encontramos con viviendas deterioradas, degradación del equipamiento urbano, precariedad laboral, fracaso escolar, desempleo,  una menor esperanza de vida, entre otras graves problemas. Además, la evidencia empírica ha constatado la consolidación de una serie de dinámicas de base territorial que agravan el problema, que son: la acumulación y cronificación de las desventajas en los barrios vulnerables, la formación de barrearas físicas y psicosociales que impiden la movilidad -favoreciendo el aislamiento- y, finalmente, la existencia de un «efecto barrio» que consolida el asilamiento sociocultural de los más desfavorecidos.

Acumulación de desventajas y cronificación de la exclusión

 La exclusión social, habitualmente, es resultado de la incidencia combinada de un conjunto de fenómenos de carácter multidimensional, hablamos entonces de exclusión: laboral, financiera, política, cultural, digital, relacional, formativa, recreativa, educativa, energética, residencial, etc. 

Algunos de los factores de exclusión y vulnerabilidad social que se concentran en los  barrios vulnerables, entre otros: viviendas con problemas graves de deterioro, infravivienda y/o hacinamiento; Degradación del equipamiento urbano o la limpieza; Existencia de factores limitantes del acceso o el uso de recursos críticos como la escuela, salud, parques u otros espacios de recreo seguros; Escasez de iniciativas económicas locales de alto valor añadido y empleo; Precariedad laboral y desempleo; Menor renta media, escasez de recursos económicos y alta dependencia de prestaciones sociales; Altos niveles de fracaso escolar, bajo nivel educativo y/o formación profesional inadecuada para el mercado; Menor esperanza de vida; Limitada capacidad de movilidad, tanto social como espacialmente; Etc.

Además, en las áreas más desfavorecidas se produce una concentración de población que acumula desventajas sociales, como sucede con la población gitana, la de origen inmigrante, los hogares mono-parentales (liderados por mujeres) o grupos familiares extensos con un mayor número de personas dependientes.

Esta reunión de problemas estructurales en el territorio favorece el incremento de las amenazas y los riesgos para las personas y las comunidades. Las limitadas oportunidades de desarrollo, la aparición de efectos perversos y el escaso atractivo  del barrio vulnerable favorecen su desconexión y segregación socio-espacial. Lo que ayuda a perpetuar la situación de desventaja de sus habitantes.

Barreras psico-sociales 

“Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes” Isaac Newton

La presencia de barreras físicas que condicionan el alcance de los recursos sociales es un fenómeno que parece fácilmente accesible a la común comprensión y, en gran medida, resuelto por las medidas que promueve el estado de bienestar.  Sin embargo, existen otro tipo de barreras, de carácter social y psicológico, que regulan la accesibilidad a los recursos mediante la estimulación de determinados flujos de movilidad de las personas. Las barreras psico-sociales orientan o limitan su capacidad para desplazarse en el espacio físico-social en busca de los recursos que les permitan proveer sus necesidades.

El barrio vulnerable es una entidad de naturaleza social, donde se elaboran significados y lógicas que ayudan a las personas a acomodar(se) la realidad en la que viven. Desde su particular posición de acceso a los recursos sociales[1], individuos y grupos, dan sentido a los espacios y los procesos de exclusión social (Cal, ML y Martínez, PM, 2009).

Así, la percepción que se tiene, dentro y fuera de la comunidad, sobre la degradación socio-espacial y la falta de oportunidades, se convierte en discurso social que los individuos interiorizan. Cuando esto sucede, aparecen sentimientos de frustración, escasez, insatisfacción, estrés, inseguridad o aislamiento social, que, nuevamente, son reelaborados socialmente e incorporados a los discursos y las interpretaciones sobre el espacio.

En un entorno de escasez, donde los grupos sociales compiten por los recursos y los equipamientos públicos para garantizar el bienestar del hogar, se acentúan las visiones conflictivas sobre los demás, enfatizando las fracturas que desencadenan la segregación espacial (Cal, ML y Martínez, PM, 2009).

La fragmentación de espacio social dificulta la emergencia de sentimientos de identidad, reconocimiento y pertenencia, que afianzan la cohesión social. Y en ausencia de esta, la eficacia colectiva de las comunidades se ve mermada, así como los mecanismos de control social informal. Lo que, a su vez,  estimula las percepciones de inseguridad en el barrio, con diferentes impactos en la vida social:

·  Impone limitaciones tanto a la circulación como a las condiciones de vida generales de los más vulnerables (mayores, menores, jóvenes, etc.).

·   Para los habitantes de los barrios vulnerables, la capacidad para dejar el barrio puede convertirse en un indicador de éxito social. Cuando lo logran, su salida reduce el capital social del barrio y lo deja sin referentes de éxito.

·   Desde el exterior el barrio crítico es percibido como un espacio peligroso y con escaso potencial; las interacciones con él son evitadas. Lo que aumenta la brecha social entre barrios vulnerables y barrios afluentes.

·     La brecha social aleja a los habitantes de los barrios vulnerables de los barrios más afluentes y de sus servicios, lo que, a su vez, puede generar sentimientos de resentimiento.  

Con la aparición de estas dinámicas se ven fortalecidas las barreras y amplificadas esas fracturas que profundizan los procesos de segregación, aislamiento y exclusión social.

Efectos barriales. Interpretaciones de la realidad social desde la vulnerabilidad

«Lo que vemos cambia lo que sabemos, lo que conocemos cambia lo que vemos» Jean Piaget

Con la idea de efectos barriales hacemos referencia a un conjunto de factores y dinámicas, que aparecen en los barrios degradados, ligadas a impactos potencialmente negativos en el desarrollo de los individuos y el bienestar social. Si entendemos la comunidad como un conjunto de relaciones de dependencia y apoyo mutuo, sujetas a un lugar y un tiempo determinado, los efectos barriales aparecen como la consecuencia perversa derivada de la vida social en entornos desfavorables.

Esto nos devuelve a la idea del barrio, o comunidad, entendido como agente generador de procesos de participación socio-política y redistribución de recursos económicos y socioculturales que regulan  las posibilidades de integración de sus vecinos. En este sentido, entendemos que habitar en un barrio u otro puede marcar diferencias en el desarrollo vital de las personas. Los siguientes modelos ofrecen explicaciones sobre el modo en que llegan a manifestarse esos efectos barriales:

·         El `efecto pares´ o de socialización entre jóvenes. Sugiere la presencia de un efecto de contagio cultural de carácter epidémico, en las relaciones entre iguales, en aquellas áreas donde tiene lugar una mayor concentración de comportamientos disfuncionales, y que funciona como mecanismo de socialización entre los más jóvenes.

·         La `cultura de la pobreza´. Pone el acento en el carácter referencial que tiene el comportamiento de los adultos en la socialización de los hijos. De modo que, las conductas perniciosas, tales como la inestabilidad laboral, la dependencia del bienestar, el fracaso escolar o la maternidad precoz formarían parte de este proceso de transmisión de valores.

·         El `modelo institucional´ o `aislamiento institucional´.  Este hace referencia al déficit de cantidad y/o calidad que afecta a determinados servicios, como los educativos, de orientación, o formación profesional, que operan en los barrios vulnerables. 

  Esto genera un déficit formativo en los jóvenes que viven en las áreas más pobres, lo que les obliga a competir en el mercado desde posiciones más débiles, limitando sus opciones para mejorar su situación. Algo similar puede suceder con el accesos a subsidios y todo tipo de recursos institucionales.

·         El `modelo de privación relativa´.  Nos explica como las personas evalúan su situación recurriendo a los referentes disponibles en el medio. De manera que en un entorno social donde el rendimiento escolar es bajo, o el fracaso alto, es más probable que los escolares reproduzcan este tipo de resultados que en entornos más exigentes.

·     El `modelo de red´.  Se centra en el papel determinante que juegan las redes sociales en la trasmisión de información y apoyos que son fundamentales para el acceso al empleo. En los barrios más pobres, donde el desempleo y la precariedad son habituales, las personas están desconectadas de las redes por las que fluye información de calidad.

·      El `modelo de las expectativas´. Sugiere que en los entornos más desfavorables, donde los individuos acumulan menores stocks de capital social, cultural y material, se mantienen bajas las expectativas sobre los individuos y, consecuentemente, estos adecúan sus esfuerzos a aquellas.  

·      El `efecto jaula´. Relacionado con las barreras sociales, este vendría a explicar cómo las limitaciones que impone el barrio a la salida, o abandono, de sus residentes, puede desencadenar una percepción del barrio como un lugar de escaso atractivo, tanto para ellos como para residentes exteriores. Un lugar en el que se pueden sentir atrapados cuando las oportunidades en el barrio son limitadas. Ante esta situación, pueden surgir respuestas de signo contrario entre los vecinos: 

  • Positiva: Capitalización social. Los residentes procuran incrementar el capital social en el barrio para conseguir una mayor cohesión y eficacia en la solución colectiva de los problemas, a fin de facilitar la integración de la comunidad en la sociedad.
  • Negativa: Territorialidad y (micro)segregación. Se produce un atrincheramiento socio-cultural, especialmente de los más jóvenes, que fomenta las conductas territoriales y encapsula la vida social en prácticas segregadas o micro-segregadas.

Este conjunto de dinámicas favorecen la segregación socio-espacial y, por tanto, su presencia debe ser detectada y abor

Referencaisdada convenientemente para evitar que las lógicas que se despliegan sobre el territorio fortalezcan los problemas que originan las situaciones de vulnerabilidad y exclusión social. De lo contrario, correremos el riesgo de que la pobreza, la segregación y la marginalidad pongan en riesgo el modelo de sociedad cohesionada e integrada al que aspiramos.

[1] Hablamos de disponibilidad, continuidad, precio, accesibilidad y conocimiento a los distintos servicios sociales, tales como educación, seguridad, participación asociativa y política, equipamientos o servicios públicos (Cal, ML y Martínez, PM, 2009)

Refrencias:

Barrios con privación y exclusión social. Estructura de oportunidades y aislamiento institucional, Cal Barredo, Mª Luz y Martínez Monje, Pedro M, Zainak. 32, 2009, 877-896

VIII Informe FOESSA (2018)

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