La familia y el entorno resultan fundamentales para no abandonar la meta. Y es que no solo las futbolistas luchan por la igualdad que merecen. También sus madres son el apoyo número uno que necesitan cuando fallan las fuerzas.

 «Descubrí que mi hija amaba el fútbol cuando tenía tres años. Le regalé una casita de muñecas y el día de Reyes lloró como una magdalena porque no le gustaba y ahí fue cuando me di cuenta que lo de las muñecas no era lo de ella sino las pelotas y el fútbol».

El desmarque, 27/02/2020

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